Así es el delicado proceso de inspección del Toyota más caro del mundo

Aunque seas un fanático del motor y un entusiasta del automovilismo es bastante probable que la marca Century no te suene, y eso no extraña. En América o Europa no se comercializa, pero si viajamos a Japón la cosa cambia. En el mundo del lujo encontramos marcas conocidas como Rolls-Royce, Ferrari o Bentley. Firmas que no necesitan presentación o anuncios para ser conocidas. A ellas se puede sumar otra, Century, el modelo más exclusivo dentro de la órbita de Toyota.

Pocas, muy pocas, son las unidades que salen de la línea de montaje cada año. Los japoneses dedican muchos esfuerzos y recursos en desarrollar su vehículo más lujoso. La marca Century arrancó oficialmente en el año 1967 como una división dentro del propio conglomerado. Sus autos han sido empleados por los más altos dignatarios del país nipón y por aquellos pocos elegidos capaces de pagar las altas tarifas. Su exclusividad es legendaria y también su conservadurismo. Entre la segunda y la tercera generación llegaron a pasar 50 años.

17 pasos, 3.5 horas de inspección y sólo un maestro tras la lupa

Sin embargo, han tomado ritmo en los últimos años. El último modelo de la casa se ha presentado este mismo año y por primera vez en la historia abandona el formato sedán para abrazar la más moderna corriente SUV. Un todoterreno poderoso en presencia y tamaño. Apoyado sobre la plataforma GA-K, la misma que usan otros modelos Toyota como el Highlander o el Lexus TX, disponible en Estados Unidos. Sin embargo, esto es lo único que conserva de sus hermanos de marca el resto es todo exclusividad.

Bajo el capó se instala, por primera vez, un esquema híbrido enchufable con motor de gasolina V6 de 3.5 litros. Sin embargo, la potencia y las prestaciones son cuestiones menores en el Century. Lo realmente importante es la calidad, el espacio y las sensaciones que ofrezca a todos y cada uno de sus pasajeros. Para brindar la mejor experiencia posible Toyota emplea grandes recursos y a su personal más experimentado y detallista. Cada unidad es revisada durante tres horas y media bajo potentes focos para detectar cualquier mínima imperfección en su amplia carrocería.

El proceso detalla 17 pasos. La revisión la realiza un único empleado, que debe tener la consideración de inspector maestro del mismo nivel de los ya conocidos Takumi. Sólo hay un puñado de ellos en todo Japón. Se presta atención no sólo a la pintura, también se analiza el alineamiento de cada panel de la carrocería, se revisa que el motor esté en perfecto estado de calibración y se comprueba que en el interior todo esté cuidadosamente rematado. Ante cualquier fallo o imperfección el vehículo es devuelto a la cadena de montaje para que sea corregido. Nada se escapa a las expertas manos de un inspector maestro de la planta de Toyota en Tahara.

Si todo parece estar en orden, el Century se dirige de forma autónoma a otra estación de inspección para que revisen sus partes mecánicas. Se conduce solo en modo puramente eléctrico aprovechando su configuración PHEV. Se simulan las condiciones de conducción en la ciudad y Toyota realiza los ajustes finales necesarios en las ruedas y los faros. Después de eso, el elegante SUV se somete a otra prueba, esta vez a un circuito de prueba exclusivo donde se conduce a velocidades más altas para detectar cualquier ruido extraño. Se creó una nueva prueba para analizar cómo se comporta el vehículo cuando está en modo puramente eléctrico.

En total, se necesitan tres horas y media de principio a fin. Toyota proyecta vender en el mercado doméstico unas 30 unidades cada mes por un precio mínimo de 25 millones de yenes, unos 172.000 dólares. Un costo discreto si se tiene en cuenta lo que se recibe a cambio.


Jishin

Creador del blog. Apasionado por la innovación, tecnología y movilidad.

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